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jueves, 7 de agosto de 2008

¡Qué quilombo!

Palabra polémica y llena de censuras, por lo menos en cuanto a mi uso cotidiano, o demasiado cotidiano para referirme al desorden o al bochinche, que ha hecho que muchos me digan: “Shhhh!!! Cómo vas a decir así?!”… Implícitamente, (al margen de que después me enteré de que se usaba para denominar a los prostíbulos), nunca me pareció una “mala” palabra. Y digo “mala” porque no hay “malas palabras” sino palabras mal usadas.
Ahora, ¿De dónde viene? Acá va un intento de explicación, después de una vaga incursión por la red, con alguna que otra edición de parte de la que presenta este post.

En Latinoamérica, la palabra palenque o quilombo (del kimbundu: kilombo) se usaba para denominar los lugares o concentraciones políticamente organizadas por negros esclavos “cimarrones" en lugares con fuente de agua y cuevas, con alcaldes que ejercían su autoridad al interior.
En 1502 los españoles trajeron los primeros esclavos negros de África a América para reemplazar la mano de obra indígena, que iba disminuyendo ostensiblemente en sus colonias. Vivían en las haciendas, en barracas o barracones; en las ciudades, estas barracas estaban ubicadas en un rincón de los huertos o solares, y propendían al hacinamiento y las enfermedades.
A fines del siglo XVII y principios del XVIII, se formaron unas rancherías en los alrededores de la ciudad de Lima hechas por esclavos que, en busca de su libertad, habían preferido huir y rebelarse contra el opresor sistema. Éstas en lo posible, se ubicaban en las zonas menos transitadas, con bosques para ocultarse de los perseguidores. Alrededor de 1710, evolucionaron hasta convertirse en quilombos. Estos, entonces, eran asentamientos rurales de negros “cimarrones”, rebeldes.
Un palenque tenía una fuente de agua, un pedazo de tierra para cultivo, un almacén subterráneo y una pequeña cantidad indispensable de lampas y hachas.
Tenían cierta autarquía, aunque mantenían relaciones económicas más o menos normales con las ciudades y haciendas vecinas. En sus áreas de cultivo, sembraban maíz y zapallo, se abastecían de carne cazando venados y pájaros y obtenían algún que otro dinero vendiendo sombreros y canastas.
Se mantenía una vida comunitaria, caracterizada por la igualdad entre todos los integrantes, tanto para el trabajo como para el reparto del alimento y el comportamiento social y moral.
Para su defensa, en algunos palenques se habían construido fuertes; estaban hechos de palizadas, en el punto más alto de su temporal albergue. Tenían como únicas armas espadas, cuchillos y otras armas blancas; nunca poseyeron armas de fuego y en otros casos completaban su defensa acopiando piedras. Hacían ejercicios de corte militar, utilizando la táctica de las guerrillas.
En su búsqueda de libertad, se habían unido negros de diversas etnias, incluso algunas que en África mantenían rivalidades muy marcadas, como es el caso de los congos, minas y terranovos.


Si éstos eran (y son, porque siguen existiendo) los verdaderos quilombos, le debemos una disculpa a la palabra, y nos debemos una reflexión sobre qué nuevo nombre ponerle a la idea que nos formamos de ella.

sábado, 26 de abril de 2008

Masacre en La Española

Este es un relato de Fray Bartolomé de Las casas en su "Brevísima relación de la destrucción de las Indias" a cerca de como nuestros "salvadores", aquellos que trajeron "la" civilización exterminaron a la población originaria de la isla La Española, hoy Haití y Repúbica Dominicana. Desde el presente podemos criticar el hecho de que este hombre observó pasivamente estas escenas, pero para la época y siendo solo un fraile hay que reconocer el mérito de su denuncia. Además esta es una fuente histórica muy importante para entender (matizando algunos aspectos) la lógica de la crueldad de estos hombres, si es que la tiene...


"(...) En la isla Española, que fué la primera, como dijimos, donde entraron cristianos e comenzaron los grandes estragos e perdiciones destas gentes e que primero destruyeron y despoblaron, comenzando los cristianos a tomar las mujeres e hijos a los indios para servirse e para usar mal dellos e comerles sus comidas que de sus sudores e trabajos salían, no contentándose con lo que los indios les daban de su grado, conforme a la facultad que cada uno tenía (que siempre es poca, porque no suelen tener más de lo que ordinariamente han menester e hacen con poco trabajo e lo que basta para tres casas de a diez personas cada una para un mes, come un cristiano e destruye en un día) e otras muchas fuerzas e violencias e vejaciones que les hacían, comenzaron a entender los indios que aquellos hombres no debían de haber venido del cielo; y algunos escondían sus comidas; otros sus mujeres e hijos; otros huíanse a los montes por apartarse de gente de tan dura y terrible conversación. Los cristianos dábanles de bofetadas e puñadas y de palos, hasta poner las manos en los señores de los pueblos. E llegó esto a tanta temeridad y desvergüenza, que al mayor rey, señor de toda la isla, un capitán cristiano le violó por fuerza su propia mujer.
De aquí comenzaron los indios a buscar maneras para echar los cristianos de sus tierras: pusiéronse en armas, que son harto flacas e de poca ofensión e resistencia y menos defensa (por lo cual todas sus guerras son poco más que acá juegos de cañas e aun de niños); los cristianos con sus caballos y espadas e lanzas comienzan a hacer matanzas e crueldades extrañas en ellos. Entraban en los pueblos, ni dejaban niños y viejos, ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaban e hacían pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un piquete o le descubría las entrañas. Tomaban las criaturas de las tetas de las madres, por las piernas, y daban de cabeza con ellas en las peñas. Otros, daban con ellas en ríos por las espaldas, riendo e burlando, e cayendo en el agua decían: bullís, cuerpo de tal; otras criaturas metían a espada con las madres juntamente, e todos cuantos delante de sí hallaban. Hacían unas horcas largas, que juntasen casi los pies a la tierra, e de trece en trece, a honor y reverencia de Nuestro Redemptor e de los doce apóstoles, poniéndoles leña e fuego, los quemaban vivos. Otros, ataban o liaban todo el cuerpo de paja seca pegándoles fuego, así los quemaban. Otros, y todos los que querían tomar a vida, cortábanles ambas manos y dellas llevaban colgando, y decíanles: "Andad con cartas." Conviene a saber, lleva las nuevas a las gentes que estaban huídas por los montes. Comúnmente mataban a los señores y nobles desta manera: que hacían unas parrillas de varas sobre horquetas y atábanlos en ellas y poníanles por debajo fuego manso, para que poco a poco, dando alaridos en aquellos tormentos, desesperados, se les salían las ánimas.
Una vez vide que, teniendo en las parrillas quemándose cuatro o cinco principales y señores (y aun pienso que había dos o tres pares de parrillas donde quemaban otros), y porque daban muy grandes gritos y daban pena al capitán o le impedían el sueño, mandó que los ahogasen, y el alguacil, que era peor que el verdugo que los quemaba (y sé cómo se llamaba y aun sus parientes conocí en Sevilla), no quiso ahogarlos, antes les metió con sus manos palos en las bocas para que no sonasen y atizoles el fuego hasta que se asaron de despacio como él quería. Yo vide todas las cosas arriba dichas y muchas otras infinitas. Y porque toda la gente que huir podía se encerraba en los montes y subía a las sierras huyendo de hombres tan inhumanos, tan sin piedad y tan feroces bestias, extirpadores y capitales enemigos del linaje humano, enseñaron y amaestraron lebreles, perros bravísimos que en viendo un indio lo hacían pedazos en un credo, y mejor arremetían a él y lo comían que si fuera un puerco. Estos perros hicieron grandes estragos y carnecerías. Y porque algunas veces, raras y pocas, mataban los indios algunos cristianos con justa razón y santa justicia, hicieron ley entre sí, que por un cristiano que los indios matasen, habían los cristianos de matar cien indios. (...)"


martes, 22 de abril de 2008

Un poco de historia: El Requerimiento

Requerimiento
[Ficción jurídica: Texto completo]
Monarquía Española
Redactado por Juan López de Palacios*

Nota preliminar:

Durante la conquista de América algunos teólogos pensaron que despojar a los indios de sus tierras, sin aviso ni derecho legal, ponía en peligro la "salvación eterna" de los Reyes de España. La solución a este dilema fue el Requerimiento. Escrito para ser leído frente a los enemigos antes de que comenzara la batalla, el documento les da la oportunidad de someterse pacíficamente a la autoridad de los Reyes de Castilla. Concluye que si los indios no aceptan la autoridad real, entonces serán culpables de "las muertes y daños que de ello se siguiesen".
En muchas ocasiones los españoles cumplieron con la exigencia legal de leer el texto antes de atacar a los indios. Lo hacían desde barcos o desde la cumbre de una colina, a grandes distancias de los indios, a veces en castellano y otras en latín. Luego, un notario certificaba por escrito que los indios habían sido advertidos.
Sobre el Requerimiento dijo fray Bartolomé de las Casas: "Es una burla de la verdad y de la justicia y un gran insulto a nuestra fe cristiana y a la piedad y caridad de Jesucristo, y no tiene ninguna legalidad".
El Requerimiento se usó durante décadas.

Requerimiento:

De parte del rey, don Fernando, y de su hija, doña Juana, reina de Castilla y León, domadores de pueblos bárbaros, nosotros, sus siervos, os notificamos y os hacemos saber, como mejor podemos, que Dios nuestro Señor, uno y eterno, creó el cielo y la tierra, y un hombre y una mujer, de quien nos y vosotros y todos los hombres del mundo fueron y son descendientes y procreados, y todos los que después de nosotros vinieran. Mas por la muchedumbre de la generación que de éstos ha salido desde hace cinco mil y hasta más años que el mundo fue creado, fue necesario que los unos hombres fuesen por una parte y otros por otra, y se dividiesen por muchos reinos y provincias, que en una sola no se podían sostener y conservar.
De todas estas gentes Dios nuestro Señor dio cargo a uno, que fue llamado san Pedro, para que de todos los hombres del mundo fuese señor y superior a quien todos obedeciesen, y fue cabeza de todo el linaje humano, dondequiera que los hombres viniesen en cualquier ley, secta o creencia; y diole todo el mundo por su Reino y jurisdicción, y como quiera que él mandó poner su silla en Roma, como en lugar más aparejado para regir el mundo, y juzgar y gobernar a todas las gentes, cristianos, moros, judíos, gentiles o de cualquier otra secta o creencia que fueren. A este llamaron Papa, porque quiere decir admirable, padre mayor y gobernador de todos los hombres.
A este san Pedro obedecieron y tomaron por señor, rey y superior del universo los que en aquel tiempo vivían, y así mismo han tenido a todos los otros que después de él fueron elegidos al pontificado, y así se ha continuado hasta ahora, y continuará hasta que el mundo se acabe.
Uno de los Pontífices pasados que en lugar de éste sucedió en aquella dignidad y silla que he dicho, como señor del mundo hizo donación de estas islas y tierra firme del mar Océano a los dichos Rey y Reina y sus sucesores en estos reinos, con todo lo que en ella hay, según se contiene en ciertas escrituras que sobre ello pasaron, según se ha dicho, que podréis ver si quisieseis.
Así que Sus Majestades son reyes y señores de estas islas y tierra firme por virtud de la dicha donación; y como a tales reyes y señores algunas islas más y casi todas a quien esto ha sido notificado, han recibido a Sus Majestades, y los han obedecido y servido y sirven como súbditos lo deben hacer, y con buena voluntad y sin ninguna resistencia y luego sin dilación, como fueron informados de los susodichos, obedecieron y recibieron los varones religiosos que Sus Altezas les enviaban para que les predicasen y enseñasen nuestra Santa Fe y todos ellos de su libre, agradable voluntad, sin premio ni condición alguna, se tornaron cristianos y lo son, y Sus Majestades los recibieron alegre y benignamente, y así los mandaron tratar como a los otros súbditos y vasallos; y vosotros sois tenidos y obligados a hacer lo mismo.
Por ende, como mejor podemos, os rogamos y requerimos que entendáis bien esto que os hemos dicho, y toméis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo, y reconozcáis a la Iglesia por señora y superiora del universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, en su nombre, y al Rey y reina doña Juana, nuestros señores, en su lugar, como a superiores y reyes de esas islas y tierra firme, por virtud de la dicha donación y consintáis y deis lugar que estos padres religiosos os declaren y prediquen lo susodicho.
Si así lo hicieseis, haréis bien, y aquello que sois tenidos y obligados, y Sus Altezas y nos en su nombre, os recibiremos con todo amor y caridad, y os dejaremos vuestras mujeres e hijos y haciendas libres y sin servidumbre, para que de ellas y de vosotros hagáis libremente lo que quisieseis y por bien tuvieseis, y no os compelerán a que os tornéis cristianos, salvo si vosotros informados de la verdad os quisieseis convertir a nuestra santa Fe Católica, como lo han hecho casi todos los vecinos de las otras islas, y allende de esto sus Majestades os concederán privilegios y exenciones, y os harán muchas mercedes.
Y si así no lo hicieseis o en ello maliciosamente pusieseis dilación, os certifico que con la ayuda de Dios nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y de Sus Majestades, y tomaremos vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos, y como tales los venderemos y dispondremos de ellos como Sus Majestades mandaren, y os tomaremos vuestros bienes, y os haremos todos los males y daños que pudiéramos, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen; y protestamos que las muertes y daños que de ello se siguiesen sea a vuestra culpa y no de Sus Majestades, ni nuestra, ni de estos caballeros que con nosotros vienen.
Y de como lo decimos y requerimos pedimos al presente escribano que nos lo dé por testimonio signado, y a los presente rogamos que de ello sean testigos.

FIN
* Juan López de Palacios: Jurista y consejero real, quien se encargaba de sustentar la justicia de las empresas reales ("sastre jurídico"). Su obra De Justitia et Jure obtentionis ac retentionis regni Navarrae, fue la apología final de la conquista de Navarra. Autor también del Tratado de las Islas (1512), e inspirador de la legislación española para América, recogió ampliamente el concepto de la "inmadurez" de los indígenas, los cuales debían ser protegidos, como tiernos vástagos, hasta de sus propios defectos.

jueves, 10 de abril de 2008

Escobas y aquelarres (una de brujas...)

Unas 500.000 personas fueran declaradas culpables de brujería y murieron en la hoguera entre los siglos XV y XVII en Europa. En primer lugar, se plantea el problema de por qué alguien debería creer en brujas que volaban por los aires y, en segundo lugar, por qué esta noción llegó a ser tan popular durante los siglos XVI y XVII.
Aunque existe un gran número de confesiones, éstas se obtenían mediante tortura, obligando además a confesar el nombre de otras personas presentes en el aquelarre. Como recompensa por su cooperación las brujas podían aspirar a ser estranguladas antes de la hoguera. Toda confesión arrancada bajo tortura tenía que ser confirmada antes de que se dictara sentencia.
Prácticamente todas las sociedades del mundo tienen algún concepto sobre la brujería, pero el caso europeo fue más feroz, duró más y causó más víctimas que cualquier otro. Incluso en Europa sólo se empleó la tortura después del año 1480. Antes del año 1000, nadie era ejecutado si algún vecino decía haberle visto con un diablo, aunque las gentes se acusaban entre sí y existía mucha especulación. Pero las autoridades estaban poco interesadas en realizar un caza sistemática de brujas. En un principio la iglesia negaba la existencia de brujas que volaban, después de 1480 se prohibió creer que no ocurría.
La iglesia autorizó por primera vez el empleo de la tortura contra las asociaciones eclesiásticas ilícitas como los cátaros. Para combatir estos movimientos subversivos la iglesia creó la inquisición, un poder paramilitar encargado de vigilar la herejía. La brujería seguía siendo un crimen pero no una herejía, aunque con el paso del tiempo los inquisidores se preocuparon cada vez más por la brujería. Alegaban que se había desarrollado un tipo de bruja que podía volar. En 1488 Roma autorizó a los inquisidores a actuar contra las brujas. La brujería era acusada de provocar todas las desgracias inimaginables, muerte de niños, enfermedades, esterilidad, locura…
Se ha demostrado que las brujas europeas se asociaban con el empleo de ungüentos mágicos. Los sujetos caían en un profundo sueño y al despertar decían que habían estado en un largo viaje. Se cree que el alucinógeno activo en los ungüentos era la atropina, un poderoso alcaloide que produce la mandrágora, el beleño y la belladona. El rasgo más destacable de la atropina es que se absorbe a través de la piel. La mayor parte de los aquelarres verdaderos explicaban experiencias alucinógenas mediante la aplicación previa del ungüento. Pero persiste el enigma de por qué tuvieron que morir 500.000 personas por crímenes cometidos en los sueños de otra persona.

-Marvin Harris-