viernes, 20 de noviembre de 2009

Soneto 40


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Toma todo mi amor, mi amor, ¡tómalos todos! ¿Entonces qué tendrás, que antes no tuvieras?
Amor, no existe amor, que llames verdadero,
como mi amor que es tuyo, antes de tanto exceso.

Luego, si por amor, tú mi amor recibiste,
no he de culparte el uso, que hagas de mi cariño,
repróchate, no obstante, si a ti mismo te engañas,
con el vago deleite de aquello que rehúsas.
Te perdono tu robo, dulce y gentil ladrón,
aunque el hurto se lleve, toda mi carestía,
porque el Amor bien sabe, que es un mayor dolor,
soportar mal de amor, que la injuria del odio.
Lasciva gracia en quién, el mal parece el bien,
mátame con despechos, pero sin ser rivales.



Williams Shakespeare


lunes, 21 de septiembre de 2009

Primera vera

Gira veloz este presente líquido cuando la contigüidad de nuestras pupilas es el eje.

En cada intento, atrapo los ecos de sendas ansias de ser invisibles en el ocaso.

No va a esperarnos la luz primera que acaricia estos días, nada estará expectante ante tu pasado mudo, y el mío.

Pero quizá, antes de abandonar nuestros despojos en un color del alba, disipes la bruma que nos adormece.



Analuz

lunes, 7 de septiembre de 2009

Cornisas

Mi interior resbala con cada impulso, con cada respiro entre las oscilaciones brillantes de tus silencios azabaches.
Tus contornos son imperceptibles en el aire; y así ando, a ciegas, adivinando exhalaciones desveladas.
Intento pausas en un acelerado torbellino de excesos, naturalmente imposibles, artificialmente impensables.
No me alcanza con inventarte durante el día, de noche tengo que intentar dormirme con tus destellos arrullando mi sonrisa semi escondida en un rincón inútil.



Analuz

miércoles, 19 de agosto de 2009

Afonía

… Todo se tiene cuando se pierde, y todo se pierde cuando se tiene…
La ambigüedad nos conforma y nos desarma…

Eso es la vida por ahora,
una red de caminos con más o menos matices pintorescos;
un ovillo desconcertado con dudas acerca de cómo debemos, hubiéramos debido o deberíamos conformar cada trama de lo que somos;
una sonrisa, una lágrima, un grito que mueve cada partícula de los días que nos existen.

Mala memoria, o mal hábito,
no acordarme de la última vez que lloré de alegría,
ni de cómo es cerrar los ojos y ver,
ni de dónde buscar los silencios llenos de música,
ni de cuándo dejé de peinarme con el viento.






Analuz




lunes, 3 de agosto de 2009

Víctima

Víctima de soledad
víctima de un mal extraño
mi corazón se ha partido en dos.
¿Quién te ha visto y quién te ve?
Quién te ama te hace daño
mi corazón se ha partido en dos.
Veo esa sangre en la pared,
iluminó mi ser
algo va a caer.
Veo tu sombra y ya no sé
ya no sé qué hacer
algo va a caer.
Víctima de libertad
víctima de un sol extraño
¡Oh! Mi corazón se ha partido en dos.
Cuando todos van a ver
cuando va a nacer
todo va a caer
Tengo que salir y volver
desaparecer
y alguien va a caer
víctima de libertad
víctima de soledad
víctima de soledad
víctima de soledad.



Charly García

viernes, 10 de julio de 2009

"El Otro Yo"

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.


El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.

Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.

Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».

El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.


Mario Benedetti

domingo, 10 de mayo de 2009

Hoy no puedo estar en otro lado...


Isla del Sol, Lago Titicaca, Bolivia

Viento norte

Como mata el viento norte
cuando agosto está en el día
y el espacio nuestros cuerpos ilumina.
Un mendigo muestra joyas
a los ciegos de la esquina
y un cachorro del señor nos alucina.
Háblame solo de nubes y sal
no quiero saber nada con la miseria del mundo hoy.
Hoy es un buen día
hay algo en paz
la tierra es nuestra hermana
Marte no cede al poder del sol
Venus nos enamora
la Luna sabe de su atracción.
Mientras nosotros
morimos aquí
con los ojos cerrados
no vemos más que nuestra nariz.
Como mata el viento norte
cuando agosto está en el día
y el espacio nuestros cuerpos ilumina.
Señor noche, se mi cuna,
señor noche, se mi día,
mi pequeña almita baila
de alegría, de alegría.


(La máquina de hacer pájaros, Charly García)

martes, 10 de marzo de 2009

El funeral de un origen II

Densas, reaparecen algunas miradas que asoman hacia el fondo del abismo…
En él una nueva luz ajena, tenue, vacilante tiembla.
Quienes observan componen un ecléctico paisaje,
formado de multitudes heterogéneamente sutiles y grotescas a la vez.
Restos de todo, partes de nada, se reencuentran y combaten
con poderes e impotencias de ultratumba.
¿Quién pudiera encontrarles sentido?

Desde la copa de un árbol,
una anciana casi muerta contempla la escena;
ha perdido el habla, pero con ojos ciegos mira…
“Después de todo, (piensa), ¿Cuán lejos quedan sus pasos de los míos?

Un silencio revelador se impone en la cumbre,
y al instante un grito límpido y agudo desnuda el misterio sobrante.




Analuz