jueves, 18 de diciembre de 2008

El Molotov

El molotov es un lujo en el aire de la noche.
Una parábola graciosa y arabescos de humo, y luego el estallido…
El fulgor multicolor del fuego, la danza emocionante de las llamas.
Un espectáculo audiovisual, en suma, que el pueblo dedica a sus opresores.

Una bala policial, en cambio, sólo es estampido y una recta invisible y sin gracia.
Mortalmente aburrida.
Aburridamente mortal.

Pero últimamente sucede esto: “La tecnología está matando al arte”.

Carlos Agustín Possentini



Mi abuelo participó del llamado "viborazo" o segundo "cordobazo", en 1971. Éste fue una huelga con protesta social masiva ocurrida en marzo de 1971 en Córdoba (Argentina), opuesta al gobernador militar de la provincia perteneciente a la dictadura militar en el poder conocida como "Revolución Argentina".
En marzo de 1971 el gobierno militar del general Levingston designó como nuevo interventor de la provincia de Córdoba al dirigente conservador Camilo Uriburu.
La CGT declaró una huelga activa contra la intervención. Uriburu declaró entonces públicamente que “confundida entre la múltiple masa de valores morales que es Córdoba por definición, se anida una venenosa serpiente cuya cabeza pido a Dios me depare el honor histórico de cortar de un solo tajo”.
La CGT respondió convocando a un nuevo paro general para el 12 de marzo, que se transformó en una insurrección general que tomó el control de unas 500 manzanas de la ciudad de Córdoba. Hubo manifestaciones, barricadas, fogatas, incendios, saqueos y enfrentamientos entre trabajadores y estudiantes con fuerzas represivas de la Policía Provincial y de la Policía Federal.
Por la noche, Uriburu felicitó a los efectivos de la Policía Federal por su eficiencia en la tarea de "desalojar a la víbora del barrio Clínicas", clásica área de residencia estudiantil y uno de los epicentros de las luchas del período.
La gravedad de los hechos produjo la renuncia del interventor Uriburu al día siguiente. Ese día el tradicional diario local, La Voz del Interior, publicó una caricatura que mostraba una víbora comiéndose al interventor Uriburu.
En general puedo decir que tengo fe en que todavía se puede hacer algo para aunque sea salvar nuestra dignidad en el día a día, pero a veces hace falta un poco mirar atrás, remontarse al pasado para ver dónde van quedando las cosas que nos hacen humanos.
Hoy tal vez la lucha por un mundo mejor en nuestra cotidianeidad no sea necesaria con palos y piedras contra una opresión enorme y para muchos invisible, pero no por eso deja de ser necesaria. No sé donde oí una vez esto, pero creo que es necesario recordarlo: "El único justificativo para mirar a alguien desde arriba es que estemos por levantarlo".

jueves, 16 de octubre de 2008

Intermisión de media primavera

Muchas veces quedo suspendida en una gota,
retengo el movimiento de tus párpados madurando pétalos,
y redimensiono lo inmensurable.

Frente a frente
el aire que exhalan tus bocas
me traen tormentas, o tormentos…

Buscando respuestas en el Sol
a veces termino inventándole una forma, la mía,
a esos rayos que conforme pasan las estaciones
nos acarician o nos anestesian.

Frente al inconsciente
mi conciencia juega a vendarse los ojos.

Como en una travesura impensada
vivo enterrando objetos,
partes de mis maquinarias de alegría,
esperando que la tierra dé frutos.

Y todo vuelve a suceder,
pero nada se parece.




Analuz

lunes, 13 de octubre de 2008

¿Día de la raza?

Les parecerá raro que escriba sobre esto un 13 de octubre... Pero acá va, para los que no lo sabían, un dato curioso de la historia del """descubrimiento de América""": En realidad nuestro querido Coloncito llegó un 13 de octubre a la madrugada a nuestro continente... Lo que pasa es que como era supersticioso, y supongo que los reyes católicos también, la carta o como se llame el documento que expidió a España informó que había llegado un 12 de octubre... No había que pensar en los malos augurios que ese número traería para la tan tamaña y heroica empresa que les esperaba...

Me salgo ahora de este papel de pseudo historiadora irónica del pasado, y paso a compartir con ustedes un poema de Pedro Berdisevschi publicado en la revista Pachamama del Instituto de Cultura Aborigen.

ESPEJISMOS DE COLORES

¡Qué impresión desbordada de inmundicia
deja el negro agasajo conmemorativo
usado para hacer memoria en las escuelas,
que siniestra maniobra involutiva e ignorante!

En el tono que a usted más le guste, repita:
a los nativos de estas tierras,
los colonizadores
mataron, violaron, robaron, oprimieron y humillaron.

El día de la raza, ¿la raza de quién?
creo sin margen a ser dubitativo
que en este festejo absurdo, cómplice y estúpido
lindamos patéticamente la aceptación del genocidio cometido.

Una mirada de soslayo hacia la lógica,
nos hará comprender la imagen magra de la esclavitud,
la diferencia entre pueblo libre y colonizado,
la diferencia entre muertos y asesinados.

Esas ropas y estandartes acabaron con la razón,
vaciaron su dignidad y acumularon ambición en sus palacios
(ahora museos). Los criterios usados, de ladrones;
el abuso, la falta de valores y una gran inmoralidad.

¿Por qué no hacerse cargo de la situación,
cuando sus intereses rocen esta latitud nuevamente?
Si no hay muertes, habrá más espejitos de colores,
nuestro revisionismo pobre, gererará fúnebres dolores.

Haremos docencia si aprobamos de forma absoluta
que el doce de octubre, no hay nada que festejar.
Alumbremos nuestras pupilas con el sol (nuestro rey)
y llenemos de quimeras nuestro futuro para soñar.

Hagamos actos alusivos de sangre y memoria.

jueves, 9 de octubre de 2008

Las manos

Donde el hambre asfixia el alma y sus consecuencias se propagan como pestes, no es extraño que aparezcan ¿pacíficos?, ¿imparciales? espejismos azules provenientes del mundo de más arriba, revoleando paquetes con “soluciones” temporáneas envueltas en cómodos materiales que caen en el barro eterno del mundo bajo, de lo que también somos, aunque muchas veces parece que ser nos queda lejos.
No es sólo la plasticidad de esa solidaridad evasiva, intocable, higiénicamente neutral la que me retuerce adentro, sino las manos… Millones de manos gritando… Llorando, corriendo… ¿A qué escapan los ojos de los jinetes salvadores de un día?
Analuz

jueves, 11 de septiembre de 2008

Apocalipsis


Absurdas suspensiones se suceden cada vez que mis manos buscan,
te buscan ciegas en la neblina espesa de tus fundamentos.

Que se escapa el tiempo,
que tenemos una vida.

No es cobardía…
Son desfasajes de asincrónicas primaveras,
con pausas aceleradas,
o desencuentros con la intermitente luz de tus espejos,
y los míos.

Que quiero correr, a veces;
que rescato olvidos que recuerdo.

Sí, todo.

A veces resbalos inocentes,
a veces fuego eterno encapsulado en un deseo intangible.

Que somos ínfimos,
que somos infinitos,
que somos finitos.

Ahora,
con tiempo,
llegan ondulantes las rigideces de una extraña dispersión.

Con mutua sinergia,
en continua e imperceptible metamorfosis,
catalépticos permanecemos.



Analuz

sábado, 6 de septiembre de 2008

La vida es un ovillo...

Llegué a esa conclusión mirando cómo caminaba un nene: A zancadas… Tres pasos de lo que podría haber sido una prisa de momento, ajena, me hicieron dar cuenta de que los míos son cada vez más cortos.
La vida es una madeja con un largo determinado que podemos ir tejiendo a diferentes ritmos. Me parece haber leído un cuento a cerca de esta metáfora, pero con ésta imagen realmente me di cuenta con la cobardía, la timidez o avaricia con que a veces tiro del ovillo para ver qué sigue, que colores, qué texturas, que nudos me esperan. Es como la sensación de una curva cerrada en una noche muy oscura: Uno sabe que el camino sigue, pero no qué hay del otro lado de los misterios…
Lenta, a veces indecisa, a veces impulsivamente vuelvo a mis buenas costumbres perdidas: Revisar/me, preguntar/me, enojar/me, reconciliar/me, querer/me… Y a veces miro de lejos la trama de vida incuestionable, amortizada con el tiempo, y me reprendo un poco, y me aprendo un poco… Y me río, un poco.
Analuz

jueves, 21 de agosto de 2008

Desdoblamientos...

Hoy se repite el ocaso de la suave brisa que nos mecía tranquilamente.
Luchando contra mis tempestades intento encontrarte un refugio en nuestra híbrida frontera, pero seguís por tu cuenta, ni siquiera ahogándote de ganas.
¿Qué pasa que no te oigo ya en el eco del paisaje que elegimos?
Soy valiente ante tus desconciertos infundados y tus amenazas de probarme, pero me asustan.
Arrollo tu paz a veces. ¿La desasosiego?

A veces me siento estúpida cantándole a mis dimensiones desconocidas.
A veces me encuentro, imbécil, manoteando, desgarrando ideas con sangrantes palabras, para luego coser sin anestesia heridas que gritan la inevitable vulnerabilidad de mis escondites al descubierto.
Analuz

sábado, 16 de agosto de 2008

La frívola indiferencia es el opio (bis) de los pueblos…

Arthur Schopenhauer dijo una vez: "Las religiones, como las luciérnagas, necesitan de oscuridad para brillar." Hay tantos ejemplos en la historia…

Qué fácil que es acordarse del barbudo cuando las pasamos feas... Si creés que existe uno, como Papá Noel.

No puedo aceptar ningún combo religioso así como me los venden, mas bien rescato algunos valores o lo que fuere referidos al ser humano de varios lados... Y por ahora poco me importa y no creo en la vida eterna, pienso que me aburriría muuucho… Tal vez porque no alcanzo a dimensionar ni a asumir, justamente por mi carácter finito, tanta cosa… El mismo filósofo decía: “Desear la inmortalidad es desear la perpetuación de un gran error.”

“Agnóstica”, “atea”, la verdad poco me importa la etiqueta... Hay que encontrarse con el que está al lado, con el ser humano posible.

El ser humano no es un hecho, es algo que se construye (o destruye) paso a paso. Hay que “ser” más humano, activamente… ¿Sino de qué nos sirve la religión? Y no sólo la religión, sino también la filosofía, la economía, la política, nuestro trabajo, nuestro estudio, nuestra vida en general…

Creo que esto es importante pensarlo y practicarlo día a día, en lo posible, para evitar que “para millones y millones de seres humanos el infierno (siga siendo) la Tierra”…




Analuz

jueves, 7 de agosto de 2008

¡Qué quilombo!

Palabra polémica y llena de censuras, por lo menos en cuanto a mi uso cotidiano, o demasiado cotidiano para referirme al desorden o al bochinche, que ha hecho que muchos me digan: “Shhhh!!! Cómo vas a decir así?!”… Implícitamente, (al margen de que después me enteré de que se usaba para denominar a los prostíbulos), nunca me pareció una “mala” palabra. Y digo “mala” porque no hay “malas palabras” sino palabras mal usadas.
Ahora, ¿De dónde viene? Acá va un intento de explicación, después de una vaga incursión por la red, con alguna que otra edición de parte de la que presenta este post.

En Latinoamérica, la palabra palenque o quilombo (del kimbundu: kilombo) se usaba para denominar los lugares o concentraciones políticamente organizadas por negros esclavos “cimarrones" en lugares con fuente de agua y cuevas, con alcaldes que ejercían su autoridad al interior.
En 1502 los españoles trajeron los primeros esclavos negros de África a América para reemplazar la mano de obra indígena, que iba disminuyendo ostensiblemente en sus colonias. Vivían en las haciendas, en barracas o barracones; en las ciudades, estas barracas estaban ubicadas en un rincón de los huertos o solares, y propendían al hacinamiento y las enfermedades.
A fines del siglo XVII y principios del XVIII, se formaron unas rancherías en los alrededores de la ciudad de Lima hechas por esclavos que, en busca de su libertad, habían preferido huir y rebelarse contra el opresor sistema. Éstas en lo posible, se ubicaban en las zonas menos transitadas, con bosques para ocultarse de los perseguidores. Alrededor de 1710, evolucionaron hasta convertirse en quilombos. Estos, entonces, eran asentamientos rurales de negros “cimarrones”, rebeldes.
Un palenque tenía una fuente de agua, un pedazo de tierra para cultivo, un almacén subterráneo y una pequeña cantidad indispensable de lampas y hachas.
Tenían cierta autarquía, aunque mantenían relaciones económicas más o menos normales con las ciudades y haciendas vecinas. En sus áreas de cultivo, sembraban maíz y zapallo, se abastecían de carne cazando venados y pájaros y obtenían algún que otro dinero vendiendo sombreros y canastas.
Se mantenía una vida comunitaria, caracterizada por la igualdad entre todos los integrantes, tanto para el trabajo como para el reparto del alimento y el comportamiento social y moral.
Para su defensa, en algunos palenques se habían construido fuertes; estaban hechos de palizadas, en el punto más alto de su temporal albergue. Tenían como únicas armas espadas, cuchillos y otras armas blancas; nunca poseyeron armas de fuego y en otros casos completaban su defensa acopiando piedras. Hacían ejercicios de corte militar, utilizando la táctica de las guerrillas.
En su búsqueda de libertad, se habían unido negros de diversas etnias, incluso algunas que en África mantenían rivalidades muy marcadas, como es el caso de los congos, minas y terranovos.


Si éstos eran (y son, porque siguen existiendo) los verdaderos quilombos, le debemos una disculpa a la palabra, y nos debemos una reflexión sobre qué nuevo nombre ponerle a la idea que nos formamos de ella.

lunes, 28 de julio de 2008

Poema a la clase media

Clase media,
medio rica,
medio culta,
entre lo que cree ser y lo que es,
media una distancia medio grande.
Desde el medio mira medio mal
a los negritos,
a los ricos,
a los sabios,
a los locos,
a los pobres.
Si escucha a un Hitler
medio le gusta,
y si habla un Che
medio también.
En el medio de la nada
medio duda,
como todo le atrae (a medias)
analiza hasta la mitad
todos los hechos
y (medio confundida) sale a la calle con media cacerola
entonces medio llega a importar
a los que mandan (medio en las sombras)
a veces, solo a veces, se da cuenta (medio tarde)
que la usaron de peón
en un ajedrez que no comprende
y que nunca la convierte en Reina.
Así, medio rabiosa,
se lamenta (a medias)
de ser el medio del que comen otros
a quienes no alcanza a entender ni medio.

Mario Benedetti

jueves, 24 de julio de 2008

Revelaciones rotas…

Desencontrándome largo tiempo con mis verdades, hallo de repente algunas cosas que decir…

Hace tiempo descubrí algo, me redescubrí buscando un eje ¿Existe?
Todo el mundo necesita un bastón, todos somos imbéciles de alguna manera.
En un instante eterno los códigos que me traducen quedaron sin sentido.
Tal vez no exista un eje, por lo menos el mío, en esta larga espera o búsqueda…
Las palabras son vacías cuando uno quiere transpolar cosas que se sienten, que solamente se sienten.

Cuando volví a ver, la nostalgia de lo desconocido me secó el presente, y tuve que saltar con la última lágrima al profundo río para revivir, para refrescarme de mí… Pero a veces, casi como esta vez, es peligroso que lo haga. Seguido necesito ahogarme para sentir el aire.

A veces con toda razón, pero en general sin sentido las palabras salen de mis manos gritándome, liberándome con una reprenda.
Allanándome el camino se adelantan mis centinelas, aunque saben a cerca de mi irrelevancia en la magna representación de tantas realidades, ocultas y no tanto…

¿Quedaré afuera? ¿Pasaré? ¿Existirá? El paraíso es un invento de y para los mediocres… Y yo no quiero ser ninguno de los dos: Ni un invento, ni una mediocre.


Analuz

viernes, 18 de julio de 2008

Carta a mi Quijote desarmado:

Inevitablemente giramos 10 veces alrededor del Sol y sigo extrañándote como si sólo hiciera un tiempo que no nos vemos…
¿Tengo que creerle a mi superstición de que aparecés cuando te necesito, o pensar que te cruzo casualmente en algún razonamiento?
Cumplí 22, abuelo. Y cada vez veo más lejos a ese viejo loco de 6 décadas que un día se durmió y no avisó que no se iba a despertar.
No sé qué es, ¿Qué me querés decir cuando te aparecés de repente en mis noches de sonambulismo?
A los 12 nunca entendí que no iba a tener más esa risa tuya de dibujo animado, tu mirada desorbitada de Don Quijote y tus ganas constantes de ser un chico más, o de ser más chico…
Diez años después, hoy, me encuentro llorando tu vacío lleno de recuerdos inconclusos.

Analuz.

domingo, 13 de julio de 2008

Atesorando recuerdos perdidos...

Abriste la vieja puerta de rejas, pero todavía estás muy lejos de la aldaba de la fantasía. Parado en el jardín de lo absurdo, te deleitás con los sinsabores, entre “lo cierto” y “lo falso”, pero no te atrevés a dar un paso más.

Saltando los charcos de una amnesia acumulada, intentás hallar el hábitus perdido del juego.

¿Donde quedó tu incandescencia por transcurrir las andanzas enfrascadas en los libros de cuentos, hoy apilados en tu viejo y húmedo ático?

Caen a tu alrededor las amargas manzanas de la verdad, aunque hoy ya no contienen el veneno que te anestesió... Ya no tienen forma de corazón.

Podés tocar la fría mano de tu tuerta muñeca de plástico, que moría lentamente mientras atendías otras urgencias. Encontrás un luchador desarticulado en el fondo del armario y esbozás una macilenta sonrisa, casi por inercia. Ya sos grande.

Buscando señales, sentís el aroma a tierra mojada y recordás la frescura de los pies en el barro una tarde de lluvia, con su arco iris coronando el misterio de lo lejano...

Esperas a tu hijo, como la última posibilidad de sacar tus ejércitos de soldaditos del placard, para verlos envueltos en una nueva batalla, pero esta vez contra el tiempo, contra el olvido, contra la vergüenza, contra la cobardía que acarrea la supuesta madurez de dejar de creer en la magia de otros mundos.

Escrito y sentido con el Sr. Franco. (http://www.bardoverde.blogspot.com/)

sábado, 12 de julio de 2008

"El monstruo amigo mío"

Yo al principio no lo quería porque creía que él iba a comerme un pie.
Los monstruos son agarradores de mujeres, que se llevan una mujer en cada hombro y si son monstruos viejitos se cansan y tiran a una de las mujeres en la cuneta del camino. Pero éste que yo digo, el amigo mío, es un monstruo especial. Nosotros nos entendemos bien, aunque el pobre no sabe hablar y por eso todos le tienen miedo. Este monstruo amigo mío es tan pero tan grandote que los gigantes le llegan nada más que hasta el tobillo y él nunca agarra mujeres ni nada.
Él vive en el África. En el cielo no vive, porque si estuviera en el cielo, como Dios, se caería. Es demasiado grande para poder vivir por ahí por el cielo. Hay otros monstruos más chicos que él y entonces viven en el infinito, cerca de donde queda Plutón, o todavía más lejos, allá en el onfinito o en el piranfinito. Pero este monstruo amigo mío no tiene más remedio que vivir en el África.
Dos por tres me visita. A él nadie lo ve, pero él puede verlos a todos. Además, se puede convertir en cualquier cosa que quiera. A veces es un cangurito que me salta en la barriga cuando me río o es el espejo que me devuelve la cara cuando me parece que la perdí, o es una serpiente disfrazada de lombriz que me hace la guardia en la puerta para que nadie venga y me lleve.
Ahora, hoy o mañana, el monstruo amigo mío va a aparecer caminando por el mar, convertido en un guerrero que más inmenso no puede ser y echando fuego por la boca. De un solo soplido va a reventar la cárcel donde lo tienen preso a mi papá y me lo va a traer en la uña del dedo chiquito y me lo va a meter en mi cuarto por la ventana. Yo le voy a decir: “Hola”, y él se va a volver al África despacito por el mar.
Entonces mi papá va a salir a comprarme caramelos y chocolatines y una nena y se va a conseguir un caballo de verdad y vamos a salir al galope por la tierra, yo agarrado en la cola del caballo, al galope lejos, y después cuando mi papá sea chiquito yo le voy a contar las historias del monstruo amigo mío que vino del África, para que mi papá se duerma cuando llegue la noche.

Otro que Monster Inc. o alguno de los genios de los que habló Franco. Un hermoso escrito de Galeano en su libro “Vagamundo”.
Franco: Realmente es un hallazgo después de aquella charla sobre los miedos o creencias de cuando éramos chicos, y no tanto… Te lo dedico a vos y a todos los que aún conservamos esos misterios. =)

domingo, 6 de julio de 2008

"La piel mala"



A principios del siglo XVI, en los primeros años de la conquista europea, el racismo se impuso en las islas del mar Caribe. Coartada y salvoconducto de la aventura colonial, el desprecio racista se realizaba plenamente cuando se convertía en el autodesprecio de los despreciados. Muchos indígenas se rebelaron y muchos se suicidaron, por negarse al trabajo esclavo, ahorcándose o bebiendo veneno: pero otros se resignaron a otra forma de suicidio, el suicidio del alma, y aceptaron mirarse a sí mismos con los ojos del amo.
Para convertirse en blancas damas de Castilla, algunas mujeres indias y negras se untaban el cuerpo entero con un ungüento hecho de raíces de un arbusto llamado guao. La pasta de guao quemaba la piel y la limpiaba, según se decía, del color malo. Un sacrificio en vano: al cabo de los alaridos de dolor y de las llagas y las ampollas, las indias y las negras seguían siendo indias y negras.
Siglos después, en nuestros días, la industria de los cosméticos ofrece mejores productos. En la ciudad de Freetown, en la costa occidental del Africa, un periodista explica: «Aclarándose la piel, las mujeres tienen mejores posibilidades de pescar un marido rico». Freetown es la capital de Sierra Leona: según los datos oficiales, del Sierra Leone Pharmaceutical Board, el país importa legalmente 26 variedades de cremas blanqueadoras. Otras 150 entran de contrabando.


FUENTE: "Espejos, una historia casi universal", Editorial Siglo XXI, 2008.

miércoles, 25 de junio de 2008

El funeral de un origen


Lenta, la sangre corre por el suelo… Lenta, llena las juntas de las baldosas del Gran Palacio, dibujando figuras fantásticas, heréticas, consecuencia del ritual de la Danza Macabra.

El Príncipe Muerto, envuelto en un manto de estrellas, inaugura el ciclo vital de la galaxia… Su rostro cadavérico asoma de un agujero negro y sus ojos se fijan en las pequeñas mujeres, sin que sus intenciones se adivinen.

Algo inquieta al bosque que contiene a todos en esta escena. Uno a otro, los milenarios árboles se susurran verdades.

En un complejo avance el príncipe, con cruces y vueltas da pasos cuyas huellas conforman su área de acción: El círculo fatal de lo interminable.

La Orquesta Real ejecuta una música melancólica, que se propone resucitar a los antepasados y traerlos por un lapso para conocer microhistorias enterradas… Desde los panteones emerge una luz blanquecina que avanza hacia el bosque, girando en breves y difusos remolinos que el viento desarma para combinar su rugido con la música, que llega a ensordecer las raíces de todo.

Mientras, una procesión de hechiceras desnudas enmarca la despedida del lóbrego Príncipe, quien hurga, entre las incitadas miradas, su última voluntad salvadora de lo que se avecina…


Analuz

jueves, 19 de junio de 2008

Caleidoscopio


A la distancia enorme del extrañamiento,
de sentirme extraña sin vos,
voy burlando sucesivamente con la memoria de mi cuerpo.

A veces nada escapa a la avalancha impulsiva,
y a veces tomo detalles y escribo historias.
A veces no puedo eludir la fusión,
pero a veces necesito la telepatía de tus códigos ignorados.

Prolongadas uniones de soles y lunas nos aguardan,
desordenando estereotipos que burlamos cada día.
Un espacio, un amor sin techo es lo que quiero,
combinar indeterminadas luces
en los reflejos de tu alma

y en los de nuestras raíces y flores.

Túnel de experiencias de autoreflejos de forma irregular,
alegrías multiplicadas simétricamente al rotar,
éste caleidoscópico sentimiento se espirala en un mundo aparte.

Sin embargo no hay nada más terrenal,
no hay nada más cerca de lo real,
que las candilejas que encendemos
mientras avanzamos.



Analuz

viernes, 13 de junio de 2008

EL CARNAVAL DE LOS CIEGOS


Existe en este mundo una fiesta común a todos sus habitantes, anestesia necesaria ante tantas desgracias exógenas, extraterrestres que causan todos los males. Porque aquí, en la tierra, todos hacen lo mejor por estar en el desfile, todos piensan que todos deberían estarlo… ¿Sí?

Periódicamente diversos seres preparan con anticipación sus trajes, sus coreografías, sus himnos, sus ritos… Periódicamente se agrupan de acuerdo a su estatura… Periódicamente advierten sus diferencias reales… Y periódicamente se ríen o lamentan por ellas… Todo periódicamente explicitado en el carnaval ciego.

Cuando llega el día en que todos están en desacuerdo con las condiciones de los preparativos del evento, se arma un quilombo y todos salen a las calles.

Obviamente hay diferentes tonalidades de quejas…

Los primeros en presentar su número son aquellos que se arrastran por el suelo o tienen las piernas tan cortitas que lo están rozando constantemente con los nudillos. Sus saltitos espasmódicos recuerdan al maíz pisingallo cuando comienza a explotar en una olla cerrada, que no lo deja liberarse en su trayectoria espontánea hacia quién sabe donde. Son incontables, y como casi nunca llegan a la meta se hacen desconocidos en el transcurso de la marcha.

Le siguen aquellos enanos que creen superar ampliamente a los arrastrados pero, para cualquier otra cosa que no sea burlarse de estos deben mirar hacia arriba… Cada vez más arriba… Filosofan, siempre mirando al cielo, se preguntan qué habrá por allá… Sus bailes los dedican a adorar aquello que les ha dado existencia, supuestamente vida, pero que es invisible a sus ojos. Como están casi siempre “mirando” hacia lo desconocido sus pasos son un poco más medidos, pero torpes inevitablemente, porque no importa (para ellos) dónde ponen sus pies para ir… Lo importante es llegar, haciendo el mayor esfuerzo.

Por último están los gigantes, o aquellos que consiguieron zancos y van por la vida comiendo las supuestas nubes de algodón de azúcar que ven los de abajo… Transcurren sus andanzas admirando la libertad de las aves, increíblemente más arriba… Pero no necesariamente mejor. Ellos salen una vez cada largos períodos de sus castillos de cristal, con sus brillantes trajes de riqueza robada de paraísos en extinción encegueciendo el paisaje de luz inventada. Los enormes o alargados oportunistas aceptan estar al último, para que el resto vea la meta o lugar final del desfile, pero “distraidamente” sus coreografías aplastan a muchos, por lo que llegan primero para ser exclusivamente el símbolo de la hipocresía.

LA DIFERENCIA DE ALTURAS ES TAN GRANDE QUE SEPARA, QUE PRODUCE IGNORANCIA, QUE DIFICULTA LA COMUNICACIÓN ENTRE UNIVERSOS LEJANOS PERO INTERDEPENDIENTES, PRESENTES EN UN MUNDO ÚNICO Y AGRIETADO.




Analuz


domingo, 8 de junio de 2008

Tal vez nos vayamos...

Era algo extraño que no se podía contar. Se le deslizaba por el pelo del cuello mientras despertaba. Con los ojos cerrados, apretó las manos contra el polvo.

¿Era la tierra que sacudía un viejo fuego bajo la corteza, volviéndose en sueños?

¿Eran los búfalos en las praderas polvorientas, en la hierba sibilante, que ahora pisoteaban la tierra, moviéndose como nubes oscuras?

No.

¿Entonces, qué, qué era?

Abrió los ojos y era Ho-Awi, el niño de una tribu con nombre de pájaro, en las colinas con nombre de sombras de lechuzas, cerca del gran océano, en un día que era malo son ningún motivo.

Ho-Awi miró la cortina de la tienda que se estremecía como una gran bestia que se acuerda del invierno.

Dime, pensó, ¿de donde viene la cosa terrible? ¿A quién matará?

Se volvió lentamente, un niño de pómulos oscuros y afilados como quillas de pajaritos que vuelan. Los ojos castaños vieron un cielo colmado de oro, colmado de nubes; el cuenco de la oreja recogió el golpeteo de los cardos en los tambores de batalla, pero el misterio mayor lo llevó al borde de la aldea.

Allí, decía la leyenda, la tierra continuaba como una ola hasta otro mar. Entre aquí y allá había tanta tierra como estrellas en el cielo de la noche. En alguna parte de toda aquella tierra, tormentas de búfalos negros segaban la hierba. Y aquí estaba Ho-Awi, el estómago apretado como un puño, preguntándose, buscando, esperando, asustado.

- ¿Tú también? -dijo la sombra de un halcón.

Ho-Awi se volvió.

Era la sombra de la mano del abuelo que escribía en el viento.

No. El abuelo señaló silencio. La lengua se movió en la boca desdentada. Los ojos eran pequeñas caletas detrás de las capas de carne hundida, las arenas resquebrajadas de la cara.

Ahora estaban de pie al borde del día, juntos a causa de algo que no conocían. Y el viejo hizo lo que había hecho el muchacho. La oreja momificada se volvió; las aletas de la nariz se le estremecieron. El viejo esperaba también, dolorosamente, algún gruñido de respuesta, que viniera de cualquier dirección, y que les anunciara al menos que desde un cielo distante venía un trueno como madera que se desploma. Pero el viento no respondió, hablaba sólo de sí mismo.

El abuelo hizo la señal de que debían ir a la Gran Cacería. Este, dijeron sus manos como bocas, era un día para el conejo joven y el viejo desplumado. Que ningún guerrero fuera con ellos. La liebre y el cuervo moribundo tenían que viajar juntos. Porque sólo los muy jóvenes veían la vida adelante, y sólo los muy viejos veían la vida detrás; los del medio andaban tan ocupados con la vida que no veían nada.

El viejo giró lentamente en todas las direcciones.

¡Sí! ¡Sabía, estaba seguro! Para encontrar esa cosa de oscuridad se necesitaba la inocencia del recién nacido, y para ver muy claro la inocencia del ciego.

¡Ven!, dijeron los dedos temblorosos.

Y el conejo que husmeaba y el halcón apegado a la tierra dejaron la aldea desvaneciéndose como sombras en el día inestable.

Buscaron las colinas altas para ver si las piedras estaban una encima de la otra, y así era. Escrutaron las praderas, pero sólo encontraron vientos que juegan allí todo el día como los niños de la tribu. Y encontraron puntas de flechas de antiguas guerras.

No, escribió la mano del viejo en el cielo, los hombres de esta nación y de aquella más allá fuman junto a las hogueras del verano mientras las mujeres indias cortan leña. No son flechas en vuelo las que casi oímos.

Por fin, cuando el sol se hundió en la nación de los cazadores de búfalos, el viejo miró hacia arriba.

¡Los pájaros, le exclamaron las manos de pronto, vuelan hacia el sur! ¡El verano ha terminado!

¡No, dijeron las manos del niño, el verano acaba de empezar! ¡No veo los pájaros!

Están tan altos, dijeron los dedos del viejo, que sólo un ciego puede sentir como pasan. Ensombrecen el corazón más que la tierra. Siento en la sangre que cruzan hacia el sur. El verano se va. Podemos ir con él. Tal vez nos vayamos.

-¡No! -exclamó el muchacho en voz alta, asustado de pronto-. ¿A dónde ir? ¿Por qué? ¿Para qué?

-¿Quién sabe? -dijo el viejo-, y tal vez no nos moveremos. Pero aun sin movernos tal vez nos vayamos.

-¡No! ¡Vuelve! -gritó el muchacho al cielo vacío, a los pájaros invisibles, al aire sin sombras-. ¡Verano, quédate!

Es inútil, dijo el viejo con una mano que se movía sola. Ni tú ni yo ni nuestra gente puede soportar este clima. La estación ha cambiado, viene para quedarse en la tierra para siempre.

¿Pero de dónde viene?

De aquí, dijo el viejo al fin.

Y en la penumbra miraron las grandes aguas del este que cubrían el borde del mundo, donde nadie había ido nunca.

Allí. La mano del viejo se cerró y se tendió rápidamente. Allí.

Muy lejos, una sola luz ardía en la orilla.

Al salir la luna, el viejo y el niño conejo caminaron por la arena, oyeron extrañas voces en el mar, olieron el fuego salvaje, de pronto cercano.

Se arrastraron boca abajo. Tendidos miraban la luz.

Y cuanto más miraban, más frío sentía Ho-Awi, y sabía que todo lo que el viejo había dicho era cierto.

Porque reunidos junto al fuego de ramas y musgo, que brillaba vacilando en el suave viento vespertino, más frío ahora, en el corazón del verano, estaban esas criaturas que nunca había visto.

Eran hombres con caras como carbones encendidos, con ojos a veces azules como el cielo. Todos esos hombres tenían pelo reluciente en las mejillas y el mentón. Un hombre levantaba una luz en la mano y tenía en la cabeza una luna de materia dura como la cara de un pez. Los otros tenían placas brillantes y redondas que tintineaban adheridas al pecho, y resonaban ligeramente cuando se movían. Mientras Ho-Awi observaba, algunos hombres se levantaron los gongos brillantes de las cabezas, se quitaron los caparazones de cangrejo que les cegaban los ojos, los estuches de tortuga que les cubrían el pecho, los brazos, las piernas, y arrojaron todas esas vainas a la arena riendo. Entretanto, en la bahía, una forma negra flotaba en el agua, una canoa oscura con cosas como nubes desgarradas que colgaban de unos postes.

Después de contener el aliento un largo rato, el viejo y el niño se fueron.

Desde una colina observaron el fuego que ahora no era mayor que una estrella. Se lo podía tapar con una pestaña. Si uno cerraba los ojos, el fuego desaparecía.

Sin embargo, seguía allí.

-¿Es este el gran acontecimiento? -preguntó el niño.

La cara del viejo era la de un águila caída, una cara de años terribles y de sabiduría involuntaria. Los ojos eran de un brillante resplandor, como llenos de una marea de agua clara y fría en la que se podía ver todo, como un río que bebiera el cielo y la tierra y lo supiese, lo aceptara en silencio, y no negase la acumulación de polvo, tiempo, forma, sonido y destino.

El viejo asintió una vez.

Este era el clima terrible. Así es como terminaría el verano. Esto era lo que llevaba a los pájaros hacia el sur, sin sombras, a través de una tierra de dolor.

Las manos gastadas dejaron de moverse. El momento de las preguntas había pasado.

Muy lejos, el fuego se sobresaltaba. Una de las criaturas se movió. La materia brillante del caparazón de tortuga que le cubría el cuerpo relampagueó de pronto. Era como una flecha que abría una herida en la noche.

Luego el niño desapareció en la oscuridad, siguiendo al águila y al halcón que vivían en el cuerpo pétreo del abuelo.

Abajo el mar se levantaba y arrojaba otra ola salada que se hacía trizas y silbaba como cuchillos innumerables a lo largo de las costas del continente.


Ray Bradbury, en "Las maquinarias de la alegría"

sábado, 31 de mayo de 2008

ODISEA


Marasmos de inconsciencia me traen extraños objetos para pensarme…

Desde invisibles costas llegan a mis oídos lejanas melodías, tal vez de rezagadas sirenas que transmiten mensajes milenarios, pero en un lenguaje inaudito…

Intento sumergirme en ese océano de misterios, pero le tengo miedo a la fría incertidumbre, que una vez casi me congela de dudas…

A lo lejos, tal vez, un faro sin nombre intenta advertirme que estoy aturdida, pero ¿Cómo saberlo, cómo divisarlo en medio de la niebla de un amanecer inesperado?

Siempre las preguntas,
siempre mis preguntas,
siempre tus preguntas,
siempre…

Es una odisea, ese largo viaje repleto de aventuras adversas y favorables que vivimos día a día, que nos pierde y nos orienta, que nos aliena y libera, en una barca mirando siempre al supuesto punto de llegada… o de partida.


Analuz


lunes, 26 de mayo de 2008

El colectivo


“Para llegar al primer mundo pareciera que hay un solo colectivo que te lleva, y ya está ocupado. Quienes lograron entrar fue a costa de amontonamientos, empujones, codazos, puteadas, agarradas de pelos, trompadas… Todo lo que sea para conseguir un pasaje. El bondi se llenó hasta que no entró ni un alfiler parado y se cerraron las puertas. ¿Y los demás? ¿Los que no pudieron subir y se quedaron afuera? Esos son los que tienen que empujar el colectivo por una cuesta interminable para que llegue a destino.”

¿Por qué esta cerrado el colectivo?

Seguramente para que no se moleste ni atente contra los cómodos señores ni los ventajeros que se colaron en el portaequipajes o van apretujados ante las aberturas. Muchos quedaron en el camino por querer colgarse de la puerta de este aparato, que timonea el destino del mundo.

¿Quién es el chofer?

El motor, los que no pudieron subir. El chofer, el capital. Quien tenga más dinero, tendrá el volante. Pasar en rojo los semáforos de la dignidad, doblar a la izquierda o a la derecha, según su propia conveniencia, son las facultades del chofer de turno. Atropellar vidas, derribar imponentes monumentos a la naturaleza, esa es la metodología de quienes quieren acelerar el paso de este monstruo creciente.

¿Quiénes van sentados y quienes no?

Además de la brecha entre el interior y el exterior. Hay grandes diferencias dentro. Las entrañas de este monstruo de metal, papel y plástico son un mundo aparte. Las leyes son simples, mientras mas dinero, más asientos se pueden comprar. Es anecdótico que en este colectivo, la mayoría de las personas viaja parada. Unos pocos son propietarios de los asientos. Aunque, por imposibilidades físicas, solo puedan ocupar uno.

¿Por qué es necesario empujar el colectivo?

Detrás, entre las gigantescas y húmedas ruedas, están los embarrados, los sucios e intocables. Los que empujan. A veces son aplastados, otras, se cansan demasiado o tropiezan, caen y quedan atrás. Si dejaran de hacerlo, la mayoría de los que se empujan las espaldas sucesivamente, terminarían bajo los pies del gigante.

¿Por qué empujan los que están afuera?

Tal vez empujan porque no les queda otra, en un mundo que invisibiliza lo diferente, lo heterodoxo, lo herético que significa tener otra dirección, otra manera de “avanzar”, tener aún los valores que dignifican lo humano.

¿Pensaran que si empujan podrán entrar?

Cuando algún cómodo señor fallece en el trayecto tortuoso de la larga espera para llegar a la cima, su asiento es ocupado por quien, dentro del colectivo, sea capaz de llegar a acapararlo entre la montonera de ambiciones irracionales que despierta el vacío.

¿Qué pasa cuando dejan de empujar?
Muchas veces, adentro notan que la velocidad de impulso baja constantemente, cualquier estrategia es buena para ganar velocidad, excepto, bajarse a empujar. Arrojar vino, monedas o migajas de pan; asomar látigos por las ventanillas golpeando a quien se acerque, organizar ejércitos de mediocres capataces que a patadones arrancan la voluntad de sus compadres… Éstas resultan las opciones más comunes para evitar que se detenga el avance.

El portaequipajes…

Los polizontes son muy mal vistos, la última vez que encontraron a uno... lo mataron.
“Nada es más importante que la propiedad privada, ni la vida de los otros”
“Lo mío es mío, lo tuyo, será mío”
“Todo tiene precio, el valor es subjetivo y de nada sirve para un plan tan perfecto como el que estamos llevando a cabo”
“Todo vale, para dejar de empujar”
Algunas de las frases de los grandes chóferes de la historia, todavía pegadas en los vidrios de esta máquina a vapores.

¿Dónde queda el primer mundo?

El primer mundo, la piedra angular del sistema capitalista. Yo diría que es la piedra filosofal. En América latina decimos que está en Europa, los europeos tampoco lo encuentran. Hasta algunos creen que es Estados Unidos, el lugar donde se esconde, hasta que llegan ahí. Entonces uno se encuentra con el tercer mundo… ¿Y el segundo? Nos enseñaron que vivimos en un mundo llamado Planeta Tierra, redondo…. “El único con vida”… Pero nos venimos a dar con que hay dos mundos y uno en medio que no sabemos donde está, en un mundo, nuestro mundo…

Los filósofos locos de siempre…

Algunos filósofos, entre los empujadores, afirman que si todos dejaran de empujar al mismo tiempo, el colectivo se frenaría. Y de él surgiría un gran palacio, donde todos podrían comer y beber hasta estar satisfechos. Pero nadie tiene tiempo para leer esos cuentos. Todos están muy ocupados empujando, y pocos se preguntan para qué.

La propuesta…

Los viejos “intocables” ya dejaron de ver el paisaje del pasado y el presente, que les exige explicaciones del por qué de su olvido, del por qué de su ignorancia… es por eso que ha llegado la hora de hacer una pausa en el máximo ángulo inestable de esta cuesta para recuperar la vista, respirar hondo, y difundir propuestas para jóvenes empujadores de este colectivo que ya quedó con sólo un ocupante.

-Mirar bien a los costados antes de empujar.
-No pegar codazos.
-En caso de subir. Tratar de frenar el colectivo.
-En caso de no poder subir. De a poco, desarmar el colectivo, tornillo por tornillo. Para que se detenga, aunque sea, dentro de 100 años.


Escrito por Analuz Possentini y Franco Marchiaro
(visítenlo en http://www.bardoverde.blogspot.com/ imperdible)

miércoles, 21 de mayo de 2008

Americanos

"Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?
¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?
Lo escucharon los peregrinos del Mayflower: Dios decía que América era la Tierra Prometida. Los que allí vivían, ¿eran sordos?
Después, los nietos de aquellos peregrinos del norte se apoderaron del nombre y de todo lo demás. Ahora, americanos son ellos. Los que vivimos en las otras Américas, ¿qué somos?"


FUENTE: GALEANO, Eduardo: "Espejos, una historia casi universal", Ed. Siglo XXI, 2008, pg. 120.

sábado, 17 de mayo de 2008

Papelitos de colores...

Grito de la tierra,
te deshacés con una pausa,
¿Quién fuera yo para animarte?,
Solo soy un pedazo tuyo,
herencia de miles de cruces
entre el Sol y este suelo.

Retumba mi alma
cuando escucho tu ritmo.
América…
¿Dónde habrá quedado tu nombre
acallado por indescriptibles torturas?

Tu sangre brota
ante las deslumbradas miradas de codicia,
ignorantes de tu historia desgarrada
por ajenas maquinarias de felicidad ilusoria.

Inquieta me propongo salvarte,
y en la modernidad líquida
te me vas de las manos.

Pero entre las grietas del tiempo
permanecés incansable
junto a tus hijos milenarios,
que pese a todo aún te dignifican
agradeciéndote la vida
en innumerables modulaciones.


Analuz

jueves, 15 de mayo de 2008

"Ciclismo"

Desde mi vida en movimiento sobre ruedas ajenas cada día intento caminar... Qué difícil encontrarle sentido a tantas vueltas determinantes del tiempo y, en cierta manera, tan lábiles ante mi capricho.
Ondulante, busco un horizonte en parte mío, en parte nuestro... ¿Qué hacer con tanto nihilismo recargado, refritado por insoportables, pero inevitables, enchufes de "información" manipulada?
¿Qué es el centro sin un cartel? Éstos invaden el más allá, lo profundo de las cosas, con la simbología de la tentación, con el lema de "no te quedés afuera".
Digo, ¿Afuera de qué?
Este mundo global, según Mafalda "un manicomio redondo patentado por Dios", es una máquina de exclusión de todo lo que no se enmarca en su trillada ambición...
Pero: Hey, señores! Algo global es redondo, y en lo redondo estamos todos, TODOS!... Mal que les pese los reclamos de identidad que ustedes ignoran...


Analuz

jueves, 8 de mayo de 2008

¿Globalización o barbarie?


Es claro que la llamada globalización no ha producido condiciones de equidad en un mundo tan desigual... Segato nos dice:


"Existe una hegemonía localizada debido a la capacidad concentrada de direccionamiento, inducción y regulación de los tránsitos de personas y bienes culturales por parte de los países centrales, que exige el reconocimiento del impacto desigual de las decisiones tomadas por éstos, así como los resultados de su poder de negociación, respaldado por medios económicos, tecnológicos y bélicos de un orden de grandeza hoy exorbitante, generalmente minimizado por los teóricos que abogan por la globalización.
(...)
Los bienes que se globalizan no fluyen aleatoriamente, y se encuentran concentrados en proporciones extraordinariamente desiguales, siendo su concentración masivamente mayor en los paises que hegemonizan los procesos de circulación.
(...)
Así, la teoría de la globalización corre el riesgo de ser puramente ideológica, pues ayuda a enmascarar el carácter localizado del origen de las presiones que más contribuyen para que el mundo sea lo que es; encubre, por lo tanto, la responsabilidad naturalmente asociada al poder. Las grandes corporaciones oriundas de los países ricos suman sus poderes con los poderes estatales con el fin de mantener bajo su control los flujos en un ámbito global e imponerles su orientación.
(...)
Finalmente alude que existe un crimen perfecto en la sustitución progresiva de las economías reales, locales, por la economía global bajo el régimen de la equivalencia general. Éste es un verdadero exterminio de la experiencia de la alteridad, aunque no se realice sin micro-resistencias locales, reproducciones de estilos de alteridad que permanecen vitales al margen del pluralismo global."

SEGATO, Rita: "Identidades políticas/alteridades históricas: una crítica a las certezas del pluralismo global", pp.161-196 de: ANUARIO ANTROPOLÓGICO/97 1999, Brasil.

jueves, 1 de mayo de 2008

El encuentro



En lo eterno de ese instante, nos dimos cuenta
de que el mundo en el que nos estábamos mirando
no nos alcanzaba para ser felices.

Y de veras me deslumbré cuando me dí cuenta
de que algo tan normal, si se lo dice,
podría ser tan único y, en ese momento, especial.

¿Te invadirá esa misma tristeza y soledad, a veces,
de sentirte solo como un minúsculo grano de arena
en un desierto, en relación a tu lugar en el mundo
para dignificarlo?

Me enseñaste oportunamente a entender
que lo que hago o haré será una parte constituyente
del grito de libertad, que no sólo yo deseo.

Además de tu paciencia, además de tu perseverancia,
además de tu sensatez... Sólo me faltaría simplemente
reposar en los crepúsculos junto a tu presencia,
para disfrutar de tu más pura hermosura humana.


Analuz

sábado, 26 de abril de 2008

Masacre en La Española

Este es un relato de Fray Bartolomé de Las casas en su "Brevísima relación de la destrucción de las Indias" a cerca de como nuestros "salvadores", aquellos que trajeron "la" civilización exterminaron a la población originaria de la isla La Española, hoy Haití y Repúbica Dominicana. Desde el presente podemos criticar el hecho de que este hombre observó pasivamente estas escenas, pero para la época y siendo solo un fraile hay que reconocer el mérito de su denuncia. Además esta es una fuente histórica muy importante para entender (matizando algunos aspectos) la lógica de la crueldad de estos hombres, si es que la tiene...


"(...) En la isla Española, que fué la primera, como dijimos, donde entraron cristianos e comenzaron los grandes estragos e perdiciones destas gentes e que primero destruyeron y despoblaron, comenzando los cristianos a tomar las mujeres e hijos a los indios para servirse e para usar mal dellos e comerles sus comidas que de sus sudores e trabajos salían, no contentándose con lo que los indios les daban de su grado, conforme a la facultad que cada uno tenía (que siempre es poca, porque no suelen tener más de lo que ordinariamente han menester e hacen con poco trabajo e lo que basta para tres casas de a diez personas cada una para un mes, come un cristiano e destruye en un día) e otras muchas fuerzas e violencias e vejaciones que les hacían, comenzaron a entender los indios que aquellos hombres no debían de haber venido del cielo; y algunos escondían sus comidas; otros sus mujeres e hijos; otros huíanse a los montes por apartarse de gente de tan dura y terrible conversación. Los cristianos dábanles de bofetadas e puñadas y de palos, hasta poner las manos en los señores de los pueblos. E llegó esto a tanta temeridad y desvergüenza, que al mayor rey, señor de toda la isla, un capitán cristiano le violó por fuerza su propia mujer.
De aquí comenzaron los indios a buscar maneras para echar los cristianos de sus tierras: pusiéronse en armas, que son harto flacas e de poca ofensión e resistencia y menos defensa (por lo cual todas sus guerras son poco más que acá juegos de cañas e aun de niños); los cristianos con sus caballos y espadas e lanzas comienzan a hacer matanzas e crueldades extrañas en ellos. Entraban en los pueblos, ni dejaban niños y viejos, ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaban e hacían pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un piquete o le descubría las entrañas. Tomaban las criaturas de las tetas de las madres, por las piernas, y daban de cabeza con ellas en las peñas. Otros, daban con ellas en ríos por las espaldas, riendo e burlando, e cayendo en el agua decían: bullís, cuerpo de tal; otras criaturas metían a espada con las madres juntamente, e todos cuantos delante de sí hallaban. Hacían unas horcas largas, que juntasen casi los pies a la tierra, e de trece en trece, a honor y reverencia de Nuestro Redemptor e de los doce apóstoles, poniéndoles leña e fuego, los quemaban vivos. Otros, ataban o liaban todo el cuerpo de paja seca pegándoles fuego, así los quemaban. Otros, y todos los que querían tomar a vida, cortábanles ambas manos y dellas llevaban colgando, y decíanles: "Andad con cartas." Conviene a saber, lleva las nuevas a las gentes que estaban huídas por los montes. Comúnmente mataban a los señores y nobles desta manera: que hacían unas parrillas de varas sobre horquetas y atábanlos en ellas y poníanles por debajo fuego manso, para que poco a poco, dando alaridos en aquellos tormentos, desesperados, se les salían las ánimas.
Una vez vide que, teniendo en las parrillas quemándose cuatro o cinco principales y señores (y aun pienso que había dos o tres pares de parrillas donde quemaban otros), y porque daban muy grandes gritos y daban pena al capitán o le impedían el sueño, mandó que los ahogasen, y el alguacil, que era peor que el verdugo que los quemaba (y sé cómo se llamaba y aun sus parientes conocí en Sevilla), no quiso ahogarlos, antes les metió con sus manos palos en las bocas para que no sonasen y atizoles el fuego hasta que se asaron de despacio como él quería. Yo vide todas las cosas arriba dichas y muchas otras infinitas. Y porque toda la gente que huir podía se encerraba en los montes y subía a las sierras huyendo de hombres tan inhumanos, tan sin piedad y tan feroces bestias, extirpadores y capitales enemigos del linaje humano, enseñaron y amaestraron lebreles, perros bravísimos que en viendo un indio lo hacían pedazos en un credo, y mejor arremetían a él y lo comían que si fuera un puerco. Estos perros hicieron grandes estragos y carnecerías. Y porque algunas veces, raras y pocas, mataban los indios algunos cristianos con justa razón y santa justicia, hicieron ley entre sí, que por un cristiano que los indios matasen, habían los cristianos de matar cien indios. (...)"


martes, 22 de abril de 2008

Un poco de historia: El Requerimiento

Requerimiento
[Ficción jurídica: Texto completo]
Monarquía Española
Redactado por Juan López de Palacios*

Nota preliminar:

Durante la conquista de América algunos teólogos pensaron que despojar a los indios de sus tierras, sin aviso ni derecho legal, ponía en peligro la "salvación eterna" de los Reyes de España. La solución a este dilema fue el Requerimiento. Escrito para ser leído frente a los enemigos antes de que comenzara la batalla, el documento les da la oportunidad de someterse pacíficamente a la autoridad de los Reyes de Castilla. Concluye que si los indios no aceptan la autoridad real, entonces serán culpables de "las muertes y daños que de ello se siguiesen".
En muchas ocasiones los españoles cumplieron con la exigencia legal de leer el texto antes de atacar a los indios. Lo hacían desde barcos o desde la cumbre de una colina, a grandes distancias de los indios, a veces en castellano y otras en latín. Luego, un notario certificaba por escrito que los indios habían sido advertidos.
Sobre el Requerimiento dijo fray Bartolomé de las Casas: "Es una burla de la verdad y de la justicia y un gran insulto a nuestra fe cristiana y a la piedad y caridad de Jesucristo, y no tiene ninguna legalidad".
El Requerimiento se usó durante décadas.

Requerimiento:

De parte del rey, don Fernando, y de su hija, doña Juana, reina de Castilla y León, domadores de pueblos bárbaros, nosotros, sus siervos, os notificamos y os hacemos saber, como mejor podemos, que Dios nuestro Señor, uno y eterno, creó el cielo y la tierra, y un hombre y una mujer, de quien nos y vosotros y todos los hombres del mundo fueron y son descendientes y procreados, y todos los que después de nosotros vinieran. Mas por la muchedumbre de la generación que de éstos ha salido desde hace cinco mil y hasta más años que el mundo fue creado, fue necesario que los unos hombres fuesen por una parte y otros por otra, y se dividiesen por muchos reinos y provincias, que en una sola no se podían sostener y conservar.
De todas estas gentes Dios nuestro Señor dio cargo a uno, que fue llamado san Pedro, para que de todos los hombres del mundo fuese señor y superior a quien todos obedeciesen, y fue cabeza de todo el linaje humano, dondequiera que los hombres viniesen en cualquier ley, secta o creencia; y diole todo el mundo por su Reino y jurisdicción, y como quiera que él mandó poner su silla en Roma, como en lugar más aparejado para regir el mundo, y juzgar y gobernar a todas las gentes, cristianos, moros, judíos, gentiles o de cualquier otra secta o creencia que fueren. A este llamaron Papa, porque quiere decir admirable, padre mayor y gobernador de todos los hombres.
A este san Pedro obedecieron y tomaron por señor, rey y superior del universo los que en aquel tiempo vivían, y así mismo han tenido a todos los otros que después de él fueron elegidos al pontificado, y así se ha continuado hasta ahora, y continuará hasta que el mundo se acabe.
Uno de los Pontífices pasados que en lugar de éste sucedió en aquella dignidad y silla que he dicho, como señor del mundo hizo donación de estas islas y tierra firme del mar Océano a los dichos Rey y Reina y sus sucesores en estos reinos, con todo lo que en ella hay, según se contiene en ciertas escrituras que sobre ello pasaron, según se ha dicho, que podréis ver si quisieseis.
Así que Sus Majestades son reyes y señores de estas islas y tierra firme por virtud de la dicha donación; y como a tales reyes y señores algunas islas más y casi todas a quien esto ha sido notificado, han recibido a Sus Majestades, y los han obedecido y servido y sirven como súbditos lo deben hacer, y con buena voluntad y sin ninguna resistencia y luego sin dilación, como fueron informados de los susodichos, obedecieron y recibieron los varones religiosos que Sus Altezas les enviaban para que les predicasen y enseñasen nuestra Santa Fe y todos ellos de su libre, agradable voluntad, sin premio ni condición alguna, se tornaron cristianos y lo son, y Sus Majestades los recibieron alegre y benignamente, y así los mandaron tratar como a los otros súbditos y vasallos; y vosotros sois tenidos y obligados a hacer lo mismo.
Por ende, como mejor podemos, os rogamos y requerimos que entendáis bien esto que os hemos dicho, y toméis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo, y reconozcáis a la Iglesia por señora y superiora del universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, en su nombre, y al Rey y reina doña Juana, nuestros señores, en su lugar, como a superiores y reyes de esas islas y tierra firme, por virtud de la dicha donación y consintáis y deis lugar que estos padres religiosos os declaren y prediquen lo susodicho.
Si así lo hicieseis, haréis bien, y aquello que sois tenidos y obligados, y Sus Altezas y nos en su nombre, os recibiremos con todo amor y caridad, y os dejaremos vuestras mujeres e hijos y haciendas libres y sin servidumbre, para que de ellas y de vosotros hagáis libremente lo que quisieseis y por bien tuvieseis, y no os compelerán a que os tornéis cristianos, salvo si vosotros informados de la verdad os quisieseis convertir a nuestra santa Fe Católica, como lo han hecho casi todos los vecinos de las otras islas, y allende de esto sus Majestades os concederán privilegios y exenciones, y os harán muchas mercedes.
Y si así no lo hicieseis o en ello maliciosamente pusieseis dilación, os certifico que con la ayuda de Dios nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y de Sus Majestades, y tomaremos vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos, y como tales los venderemos y dispondremos de ellos como Sus Majestades mandaren, y os tomaremos vuestros bienes, y os haremos todos los males y daños que pudiéramos, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen; y protestamos que las muertes y daños que de ello se siguiesen sea a vuestra culpa y no de Sus Majestades, ni nuestra, ni de estos caballeros que con nosotros vienen.
Y de como lo decimos y requerimos pedimos al presente escribano que nos lo dé por testimonio signado, y a los presente rogamos que de ello sean testigos.

FIN
* Juan López de Palacios: Jurista y consejero real, quien se encargaba de sustentar la justicia de las empresas reales ("sastre jurídico"). Su obra De Justitia et Jure obtentionis ac retentionis regni Navarrae, fue la apología final de la conquista de Navarra. Autor también del Tratado de las Islas (1512), e inspirador de la legislación española para América, recogió ampliamente el concepto de la "inmadurez" de los indígenas, los cuales debían ser protegidos, como tiernos vástagos, hasta de sus propios defectos.

sábado, 19 de abril de 2008

Otro grande...

"El artista"


Una noche llegó a su alma el deseo de crear una imagen del Placer que resiste un momento. Y se adentró en el mundo en búsqueda del bronce. Porque sólo podía pensar en el bronce.
Pero todo el bronce del mundo había desaparecido, y en ninguna parte de todo el mundo había bronce que se pudiera encontrar, salvo el bronce de la imagen del Dolor que perdura por Siempre.
Ahora, esta imagen, que él mismo había hecho, y con sus propias manos, la había colocado en la tumba de lo único que había amado en toda su vida. En la tumba de lo muerto que más había amado había colocado esta imagen que había creado, que bien podría servir como señal del amor de un hombre que no muere, y como símbolo del dolor del hombre que perdura para siempre. Y en todo el mundo no había otro bronce salvo el bronce de esta imagen.
Y tomó la imagen que había creado, y la colocó en un gran horno, y la prendió fuego.
Y del bronce de la imagen del Dolor que perdura por Siempre creó la imagen del Placer que resiste un momento.


Oscar Wilde

miércoles, 16 de abril de 2008

Aprendí… Y decidí

Este escrito de Walt Disney va dedicado a todos ustedes, personas y personajes fantásticos que leen y se dejan leer, que comparten sinceramente ese barullo ardiente, de adentro, que se desata ante el desencuentro y las ganas de cambiar el mundo. Y esto último que no suene imposible, creo que es un deseo que no se puede expresar con otras palabras, aunque suene utópico.
Así, después de estar unos días medio triste, pero sanamente triste (si no me entienden lean "Instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight", que publiqué hace rato), vuelvo a compartirles algo:

Y así después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar…
decidí no esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas,
decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución,
decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis,
decidí ver cada noche como un misterio a resolver,
decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.

Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades
y que en estas, está la única y mejor forma de superarlo.
Aquel día dejé de temer a perder y empecé a no temer a ganar.
Descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui,
me dejó de importar quien ganara y quien perdiera,
ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.

Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima,
sino jamás dejar de subir.
Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener,
es tener el derecho de llamar a alguien “amigo”.

Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento,
“el amor es una filosofía de vida”.

Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados
y empecé a hacer mi propia tenue de luz de este presente.
Aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.

Aquel día decidí cambiar tantas cosas…

Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad.
Desde aquel día ya no duermo para descansar…

AHORA SIMPLEMENTE DUERMO PARA SOÑAR.